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Los 2 lados de la cama

Los 2 lados de la cama - Cartel
Título V.O.
:
Los 2 lados de la cama
Año de producción:
2005
Distribuidora:
Alma Ata International Pictures
Género:
Comedia
Clasificación:
No recomendada menores de 18 años
Estreno:
21 de diciembre de 2005
Director:
Emilio Martínez Lázaro
Guión:
David Serrano
Intérpretes:
Pilar Castro, Ernesto Alterio, Guillermo Toledo, María Esteve, Lucía Jiménez, Alberto San Juan, Verónica Sánchez
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Fotogramas de la película

Sinopsis

Javier, Pedro y Rafa están sentando la cabeza. Han encontrado novias formales y comienzan a planearproyectos de futuro. Javier ha perdido su miedo compulsivo gracias a Marta, una doctora con la que quiere casarse. Pedro ha encontrado la felicidad junto a Raquel, y Rafa está profundamente enamorado de Pilar. Pero cuando todo parecía ir tan bien, son las chicas las que cambian de planes. Pilar tiene un amante y Raquel y Marta tienen nuevos planes para su relaciones. Además, aparece Carlota, una guapa mujer que vuelve loco al trío masculino. Ernesto Alterio (Días de fútbol), Guillermo Toledo (Crimen Ferpecto) y Alberto San Juan (La mujer más fea del mundo) vuelven a cantar (o al menos a intentarlo) en este musical español que cosechó tan buenos resultados con "El otro lado de la cama". En esta ocasión, les acompañan Verónica Sánchez (Los Serrano, Camarón), Lucía Jiménez (El arte de morir) y repitiendo María Esteve (Inconscientes). Éxitos de Tequila, Los Ronaldos, Los Rodríguez, Loquillo, Alaska y los Pegamoides y hasta José Luis Perales son "entonados" por los enamoradizos personajes. Emilio Martínez Lázaro (Los peores años de nuestra vida) vuelve a dirigir esta segunda parte con el guión de David Serrano.

Crítica

Los filones son como todo, si se abusa de ellos al final acaban por provocar la irritación propia del exceso de uso. El otro lado de la cama fue una película-descubrimiento en el contexto del cine español de hace tres años que asumía ciertos préstamos conceptuales, que no estilísticos, ni mucho menos argumentales, del exitazo universal del Moulin Rouge. El valor insignia de aquel puzzle cuyas piezas encajaban en extraña armonía, era la frescura de una propuesta contra corriente que supo calar, lo que no es moneda corriente en el cine español contemporáneo, en generaciones diversas mezclando con fenomenal olfato la pimienta de una comedia romántica treintañera, con el populista encanto de un karaoke de viernes por la noche. Un musical sin demasiada miga argumental que andaba sobrado de desparpajo y no necesitaba nada más para erigirse contra pronóstico en fenómeno generacional y en punto de reunión de cinéfilos y cómplices coetáneos con lengua de tarareo fácil. Como el negocio salió rodado, he aquí ración doble de más de lo mismo para reverdecer viejos éxitos apelando a la ley del mínimo esfuerzo. Martínez Lázaro vuelve a dar forma a una comedia simpática de evasión, y rostros en la onda, resignada a su rol de fotocopia para consumo de las mismas masas que se troncharon con el fiesteo desmadrado de la primera entrega, pero sin aspirar, y eso es lo lamentable, a darles siquiera un poco más agarrándose a aquello de más vale bueno conocido... Los dos lados de la cama es una secuela caradura, que rinde culto a los chistes, guiños y puntazos de su hermana gemela con el reparto masculino repitiendo al copo, pasándoselo en grande y rezumando compadreo y buen rollo que es el que le da a este producto meramente derivativo un plus de interés que no alcanzan ni el hilo argumental ni la desesperante dependencia del modelo original. Ernesto Alterio, Gillermo Toledo y Alberto San Juan son el alma de la fiesta, como lo eran ya en El otro lado de la cama, sólo que entonces las espaldas estaban mejor cubiertas que ahora. Paz Vega y Natalia Verbeke daban mucho más juego que las desdibujadas y semi ausentes Verónica Sánchez y Lucía Jiménez. La sal del "partido" femenino lo pone la única reincidente, María Esteve, pero la ausencia de un leit-motiv dramático (cómico) en condiciones hace de Los dos lados de la cama un producto de destellos, sketches y ocurrencias dispersas, muy comercial y vendible, predecible y zigzagueante. Lo mejor, como cabía esperar, son los números musicales, particularmente el del gimnasio con las dobles parejas protagonistas tirándose los trastos a la cabeza al ritmo del Ni tú ni nadie de Alaska, o aquel otro en que Alberto San Juan, espléndido como "taxidermista" cornudo, entona Gavilán o palomade Pablo Abraira. La fórmula funciona, no hay duda, pero ya no sorprende. La escasez narrativa acaba desembocando en una celebreción paroxística de la filosofía del enredo proponiendo un desenlace tan retorcido, cool y absurdo, tan "todo vale", tan políticamente (in)correcto, que viene a corroborar la sensación general de rumbo incierto que planea durante la inmensa mayoría del metraje. Los dos lados de la cama es un kleenex, un pasatiempo de usar y tirar, que decepciona por conservador y acomodaticio y del que cabría esperar un punto y medio más.

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