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El método

El método - Cartel
Título V.O.
:
El método
Año de producción:
2005
Distribuidora:
On Pictures
Género:
Drama
Clasificación:
No recomendada menores de 13 años
Estreno:
23 de septiembre de 2005
Director:
Marcelo Piñeyro
Guión:
Mateo Gil, Marcelo Piñeyro
Fotografía:
Alfredo Mayo
Intérpretes:
Najwa Nimri, Eduardo Noriega, Ernesto Alterio, Adriana Ozores, Natalia Verbeke, Carmelo Gómez, Eduard Fernàndez, Pablo Echarri
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Fotogramas de la película

Sinopsis

Siete aspirantes a un puesto de alto ejecutivo se presentan a una prueba de selección de personal en la oficina de una multinacional en Madrid. Tras un laberinto de acreditaciones y formularios, los participantes son conducidos a una fría sala en la que deben esperar a que les llamen. A partir de entonces comienza un tenso clima de competitividad y paranoia en el que todos se preguntan si están siendo observados o si entre ellos hay un psicólogo infiltrado. Durante todo un día, los aspirantes pasarán de las bromas a las discusiones y de las disputas a los pactos en un ambiente claustrofóbico y plagado de recelos y tensiones. El director argentino Marcelo Piñeyro (Plata quemada, Kamchatka) dirige esta película basada en la obra de teatro de Jordi Galcerán "El método Grönholm", un reflejo de la dura competitividad y la lucha por la selección que se da en las economías totalmente capitalistas y globalizadas. Piñeyro que ha escrito el guión junto a Mateo Gil (Nadie conoce a nadie), ha contado para esta producción con algunos de los nombres más importantes del cine español de los últimos años, como Eduardo Noriega, Najwa Nimri, Ernesto Alterio, Carmelo Gómez, Adriana Ozores y Natalia Verbeke.

Crítica

Avalada por el imponente éxito del montaje teatral con el que, ojo, apenas comparte planteamiento y punto de partida, esta salvaje sesión de canibalismo empresarial constituye la crema de la producción nacional del año en curso. Al margen de la presencia de un inmenso Eduard Fernández, la excelente cinta de Marcelo Piñeyro guarda muchos puntos de convergencia con aquel despiadado pedazo de infrahumanidad carroñera que era Smoking room. Esa observancia de los principios modulares de la alienación, el despojo de todo excedente moral que perturbe la libre y animal competencia hasta reducir la humanidad de cada uno a unfósil, o a una expresión de sublime degradación, es el nervio regulador de esta estructura gemela que parafrasea a Hobbes durante un par de horas y su célebre "El hombre es lobo para el hombre". El filme da mucho más juego que el montaje teatral por dos razones fundamentales: el mayor número de antagonistas amplía la vastedad del juego, y la posibilidad de concebir acciones paralelas, manejar conspiraciones en petit comite y estudiar a cada individuo rumiando su estrategia de destrucción en distintos planos. Piñeyro exprime todo el jugo posible a esta descomunal cacería al hombre, a esta batalla campal que reduce la conciencia y la ética a meros superfluos accesorios entre animales de presa, como son estos siete aspirantes a una parcela de gloria en el atlas del capitalismo salvaje. El director de Kamchatka maneja con precisión matemática la dinámica del enfrentamiento relegando al espectador a la condición de voyeur con mala conciencia, pero lo borda también en el fuera de campo, exacerbandola paradoja mediante la ubicación del delirante coloquio el mismo día en que Madrid es hipotética sede de una reunión del G 8 y los grupos antiglobalización siembran el caos con una manifestación sin precedentes. Las noticias, los voceríos y, sobre todo, ese Madrid devastado por la barbarie de la utopía por el que moribunda camina Najwa Nimri mientras asume desolada la magnitud de su derrota y la tardía salvación de su renqueante humanidad, son los retales del contexto que eleva la magnitud de la fábula a los límites de una demencial controversia. Por eso El método es mucho más que teatro filmado, aunque el esqueleto del negocio sea el monumental recital colectivo de un reparto monstruoso en el que brillan intensamente, al margen del citado Eduard Fernández, un Carmelo Gómez que se prodiga poco últimamente, un Ernesto Alterio encarnando la quintaesencia del débil jugando a ser fuerte o una enorme Najwa Nimri agotando adjetivos que además tienen el honor de ejercer de punto final en un demoledor desenlace de esta inmisericorde pieza antropológica que destartala la coartada del escrúpulo. Todo vale en esta jungla de cristal escrutada en expresivas texturas, a cuenta del fotógrafo Alfredo F. Mayo. Aquí todo se viene abajo: mientras se derrumba este hatajo de miserables, sociópatas del capital, arde Madrid al calor de la connivencia del culpable invisible, con nombre, apellido y bandera.

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