Porteros de discoteca

Esta carta es para desahogar el malestar que cada fin de semana me provocan los incompetentes porteros de discotecas con la absoluta complicidad de sus dueños. Lo digo, porque no seré el único al que, tras esperar en la cola del local de moda, llego a la puerta y me echan para atrás, soltándote esas tres o cuatro frases que ellos memorizan: «¿Cuántos venís?; los caballeros son equis euros; hace falta invitación; el local está lleno, no pueden pasar, por favor, no se queden en la puerta...». Al que lea esto le resultarán familiares. Lo peor es que aparte de estropearte la noche, les pides la hoja de reclamaciones y te dejan esperando para ver si desistes. Debo reconocer mi parte de culpa al seguir sus reglas. Invito a los jóvenes a reclamar siempre.

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