Así es que algunos impresentables cobardes e irresponsables ciudadanos, haciéndose eco de la preocupación municipal por reducir su población, se han solidarizado con la causa y están envenenándolas, afectando también a tórtolas y gorriones. La realidad es que, entre unos y otros, las palomas desaparecen a pasos agigantados; y, a propósito de ello, me viene a la memoria lo que pasó en China cuando quisieron eliminar a los gorriones porque se comían el grano, y las plagas acabaron con las cosechas. Y es que en el pecado está la penitencia, y los resultados de esta destrucción legal e ilegal de palomas aún están por verse.
Histeria colectiva
Gracias a la orquestada campaña antipalomas, y al infundado miedo a la gripe aviar a través de estas aves, la histeria colectiva llega al paroxismo.
Hasta hace nada, las palomas molestaban a unos pocos, pero ahora parece que todos, salvo una más que honrosa minoría, desea su exterminio.



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