Un agudo periodista ha subrayado la radical diferencia de comportamiento de los más relevantes políticos, que dieron todos detalladas opiniones sobre cómo debería solucionar su crisis Honduras. Sin embargo, callaron ante la crisis china, a pesar de que estaban reunidos con su presidente en Italia cuando éste la abandonó por ese motivo, y cuando, además, Hu Jintao proclamó que iba a matar a los responsables del conflicto, barbaridad que ningún otro político se atreve hace tiempo a decir.
Mucho más que el tristemente clásico y descarado golpe de estado en Honduras, la cobardía de los políticos ante China -que va desde el silencio cómplice hasta el activo servilismo de tildar su conflicto de«cuestión interna»- constituye, hoy en día, la principal amenaza a los derechos humanos en el mundo.
Hay que decir bien claro que convertir el Celeste Imperio en el nuevo Sangrante Imperio es la peor traición a la multimilenaria cultura china. Prueba de ello, es la siguienteproclamación en una de las pancartas que se pudo ver en una manifestación ante la embajada china en Madrid: «¿Las grandes civilizaciones respetan los derechos humanos?».




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