Hoy (por ayer) me ha vuelto a pasar, y, para evitar volver a retrasarme, he subido con la ayuda de tres amables viajeros elevando el carrito por los aires y montando un numerito circense y, para bajar, otro numerito. El único encantado, el niño, que creía que estaba en las ferias con el sube y baja.
No es de recibo que en el Valladolid de 2008 tengamos todavía algún autobús tercermundista que impida subir a bebés o a personas minusválidas en sillas de ruedas.
Por favor, eliminen los buses de escaleras y que sean todos de piso bajo, ya que la «magnífica flota de autobuses urbanos» que se proclama desde el Ayuntamiento no lo es para todos, como bebés y minusválidos.


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