Achacamos su mal funcionamiento a la desidia, ineptitud o corrupción de nuestros dirigentes políticos. Pero olvidamos un hecho fundamental: la democracia debe ser un instrumento perfectamente vertebrado y bien engrasado. No podemos dejar que todas las decisiones políticas y sociales que nos incumben sean tomadas por aquellos en los que delegamos en las urnas sin vigilar que hagan bien su trabajo.
Esta reflexión podemos extrapolarla al asunto Gran Scala. Cuando se censura a todas las voces críticas que surgen contra el proyecto, se está obviando una cuestión fundamental: tanto los componentes de la plataforma Stop Gran Scala como otros colectivos ciudadanos y personalidades de reconocido prestigio están haciendo, al alertar contra Gran Scala, un ejercicio de democracia auténtico. Han decidido no dejar en manos de los políticos una determinación que nos afectará a todos nosotros y a nuestra descendencia.
Piden un debate social que acoja peritos de todas las cuestiones que abarca el complejo. Exigen claridad sobre un asunto que se sigue llevando con oscurantismo por parte del Gobierno de Aragón. Están actuando como auténticos garantes de nuestro sistema político.




Yo pienso que los democratas tienen muchas ideas interesantes que nosotros podemos aprender.
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