En 2006 esta entidad, comercializadora de arte, invitó a cinco artistas de su secta a proyectar cualquier injerto vistoso sobre el puente, respondiendo tres. Una vez más han despreciado a los artistas vascos, muestra de servilismo del director financiero de este hangar artístico.
El proyecto favorecido, l’Arc Rouge, del artista francés Daniel Buren, es un adorno bufón, carnavalesco, fallero. La idea de añadirle cosas al puente supone una enorme falta de respeto en contra de la opinión de Gehry, propietario intelectual del Museo, en cuyo conjunto se integra. Resulta asombroso que Krens, su vasallo vasco Vidarte y compañía le hayan traicionado tan pronto.
Se evidencia una profunda incultura, una ignorancia urbana y una presuntuosidad insoportable. El proyecto es de una carencia estética tan preocupante que convierte la intervención en una agresión. Bilbao, rica en puentes, no puede tolerar esta ridiculización. Apelo a todos para rechazar este escandaloso despilfarro, necedad brutal y banal horterada.




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