La tarde del pasado miércoles 19, en la calle San Isidro, en pleno centro de Granada, todos los que por allí pasábamos pudimos comprobar cómo un pastor alemán suelto atacaba a un cachorro que paseaba con su dueño.
Ante la impotencia de los presentes, el hippie dueño del perro, con toda tranquilidad y con mucha mala leche hacia los presentes, intentaba abrirle la boca a su pastor alemán para liberar al pobre cachorro que tenía entre sus dientes y cuya oreja estaba casi colgando. Evidentemente en el mismo momento en que el perro abrió la boca le faltó tiempo para salir por patas de allí, sin dar opción a que llegara la Policía. ¿Cuándo se van a evitar estos sucesos? ¿Quién dice que no puede morder a un niño?
Sinceramente, las autoridades deberían controlar esto, estoy harta de tener que aguantar a los perros sueltos de estas personas en las plazas de la ciudad y tener que pasar por otra calle o por una esquina mientras ellos campan a sus anchas, como si fueran los dueños de la ciudad.

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