Cultura alternativa

Desde 1994 entreno en el parque del Alamillo, buscando uno de los últimos rincones urbanos alejados del ruido del tránsito, entre el olor a azahar y el sonido de los pájaros. Pero hoy todo ha sido distinto. Nada más entrar por la puerta sur, un hedor a orín me ha hecho taparme la nariz. Y luego el paisaje ha sido desolador: latas de comida y bebida, plásticos, botellas, desperdicios y, detrás de cada matorral, una colección de pañuelos de papel de limpiarse las mujeres después de orinar. Todo porque en el parque se ha celebrado el XV Encuentro de alternativas. Pues yo,  aunque respeto la ideología de estos señores, casi mejor me uno a la cultura globalizadora, al menos no se contamina el medio ambiente.