Aquí comienza nuestro proceso de selección antinatural. ¿Qué más da? Soy pequeño y a nadie le va a importar cómo percibo mi entorno y si estoy comenzando a pensar y a educarme, con todo lo que mi cuerpo y mente están captando. Pero, eso sí, me salen unos dibujos muy chulos que les encantan a mis padres.
A veces, cuando me llevan al parque, me agobio un poco porque parece ser que hasta los demás niños son un peligro para mí. Unos, porque son negritos; otros, porque son chinitos; otros, porque son gorditos; y otros, simplemente, porque a mi madre no le cae bien la suya. Pero yo no me preocupo, porque alguien me dice con mucho cariño: «¿No ves que no son como tú?».
La cosa se complica más cuando paso a primaria, y más cuando paso a secundaria... Lo que importa es que he de ser un universitario de bien, aunque cuando sea mayor me dé cuenta de que soy listo, pero no inteligente para echar mano de mis propios valores. ¿Quién me hizo así? Educar no es tarea fácil.




Chico, menuda obviedad, claro que educar no es fácil, pero ni en el terreno de la aceptación de los otros ni en el de la aceptación de uno mismo, pregúnta a: homosexuales, gorditos, delgados en extremo...
Por otra parte, no todo se soluciona con la educación, hace falta que nos relacionemos, que nos conozcamos mutuamente.
Yo lanzo otra pregunta ¿de qué hablamos: de educar para RESPETAR (la palabra aceptación no me gusta nada, es como "dar permiso" para que el otro sea como es) o de educar para asimilar al otro en nuestra cultura y que pierda la suya propia?
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