Pequeños cultivos y bosques por extensos monocultivos de oleaginosas para producir bioetanol y biodiésel biocombustible. Una alternativa rentable tanto al declive de la producción de petróleo como a la creciente inseguridad energética. Todo parecen ventajas.
Sin embargo ese mercado de biocombustibles en vertiginoso ascenso está afectando la vieja necesidad de alimentarse de los más pobres. Lo hemos visto últimamente en las manifestaciones de México después de que la principal comercializadora de grano del mundo, la norteamericana Cargill, hubiera preferido vender el maíz a las compañías energéticas norteamericanas a futuro que a los tortillerías mexicanas al presente.
Este fenómeno se está reproduciendo en muchos otros lugares. Así nuestro voraz consumo energético en el Norte se enfrenta hoy a la seguridad alimentaria del Sur.

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