Aprender a comportarse

Guardábamos fila para entrar a una piscina. Delante de nosotros, un grupo de personas de un país del Este. Uno de los adultos no paraba de moverse, de ir hacia delante, hacia atrás, jugando... finalmente, tropezó. Me miró, me pidió disculpas y yo le miré de mala manera, es cierto.

Empezamos a discutir: yo diciéndole que debía saber comportarse; él, que se suponía que estaba en un país libre. La discusión llegó a ponerse peligrosa. Achacó mi comportamiento a que él era extranjero, que él venía de un país más civilizado que el nuestro, en donde no se fumaba en la cola (yo había encendido un cigarro).

Le dije que tenía razón y me alejé para fumar. Volví pensando que no merecía la pena nada de aquello y le ofrecí agua de mi botella. No la aceptó. Bien, amigo. Puede que vengas de un país muy civilizado, pero te sugiero que regreses, que aprendas a comportarte y que luego vuelvas. Serás bien recibido, seguro.

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